Aunque los sitios arqueológicos más conocidos de Yucatán se encuentran fuera de la capital del estado, pocos recuerdan que la ciudad de Mérida fue fundada sobre la antigua urbe maya de T’Hó. Por ello, dentro de la mancha urbana aún permanecen diversos vestigios prehispánicos que, con el paso del tiempo, se integraron a parques, glorietas y espacios públicos frecuentados por miles de personas. Cuando se piensa en recorrer una zona arqueológica, los primeros nombres que suelen venir a la mente son Chichén Itzá; Izamal, con las pirámides de Kinich Kakmó e Itzamatul; Aké, Xcambó o Dzibilchaltún. Estos sitios cuentan con infraestructura turística, recorridos guiados e información histórica que permite conocer su importancia. Sin embargo, en Mérida varios vestigios arqueológicos sobreviven en medio de las colonias y los fraccionamientos, formando parte de la vida cotidiana de sus habitantes. A diferencia de las grandes zonas arqueológicas, estos espacios no cuentan con museos ni recorridos organizados. Más bien, funcionan como parques públicos por donde diariamente transitan vecinos, estudiantes, deportistas y comerciantes, muchas veces sin detenerse a observar que caminan junto a construcciones con cientos de años de antigüedad. El primero de estos sitios se localiza en el Parque Arqueoecológico del Poniente, ubicado en la calle 3 entre 14-A y 16 del fraccionamiento Bosques del Poniente. El lugar conserva diversas estructuras mayas, entre ellas basamentos piramidales, muros de piedra y lo que parece ser un antiguo canal para la distribución del agua. Incluso una glorieta cercana resguarda otra estructura arqueológica. Además de su valor histórico, el parque destaca por su riqueza natural: alberga una importante diversidad de aves y vegetación, lo que lo convierte en un punto frecuentado por observadores de fauna, turistas y ciclistas de montaña que aprovechan sus senderos. Al sur de Mérida está el Parque Arqueológico Dzoyilá, ubicado sobre la calle 51 entre 48 y 52 del fraccionamiento Reparto Granjas. En este espacio pueden observarse los restos de antiguas estructuras con bóveda maya, rodeadas actualmente por comercios, juegos infantiles y áreas para hacer ejercicio. El sitio representa uno de los ejemplos más claros de cómo el crecimiento urbano incorporó vestigios arqueológicos a espacios públicos donde hoy se desarrolla la vida diaria de cientos de vecinos. El tercero, y probablemente el más conocido, es el sitio arqueológico de Chen Hó, ubicado en el Fraccionamiento del Parque. Dentro del espacio permanecen varias estructuras prehispánicas, dos de ellas con características similares a los basamentos piramidales observados en otras zonas arqueológicas del estado. Por el lugar transitan a diario habitantes de la zona, estudiantes del Conalep Mérida I y del Cetis 112, personal de la Unidad de Medicina Familiar No.59 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y, los fines de semana, visitantes del tianguis que se instala a unos metros. Los tres espacios son de acceso libre y permanecen abiertos las 24 horas, por lo que representan una alternativa para conocer parte del patrimonio arqueológico de Mérida sin salir de la ciudad. Más allá de ser áreas verdes, estos parques recuerdan que la herencia maya permanece presente no solo en la lengua, la gastronomía o las tradiciones yucatecas, sino también en el paisaje urbano que miles de personas recorren todos los días. Y aunque estos tres sitios son los más visibles, no son los únicos. En distintos puntos de Mérida aún existen pequeños vestigios arqueológicos integrados a glorietas, camellones y parques de colonias, donde sobreviven antiguos muros, plataformas y basamentos que para muchos pasan completamente desapercibidos.—PABLO MAY PECH